
No pienso llorar,
de eso ya me cansé.
Hoy voy a chillar,
voy a andar con mis pies
Entonces empezaré a engordar como la tía de la enfermera de ayer, o de días atrás, no sé bien. Y empezaré a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pesar de todo el control. A estas alturas, tomaré algunas drogas mágicas para no caer en la depresión y tendré algunos hijos en noches de amor que pasan demasiado deprisa. Diré a todos que los hijos son la razón de mi vida, pero, en verdad, ellos exigen mi vida como razón.
La gente nos considerará siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda esa apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escándalo como la tía de la enfermera, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda, y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidaré: haré un escándalo, amenazaré con irme con los niños. Él, como todos los hombres, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se le pasará por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible sería la casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que él era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirán mucho por causa de la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré (porque lo veré o porque alguien me lo contará), pero esta vez fingiré ignorarlo. Gasté toda mi energia luchando contra la amante anterior, no sobró nada, es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenía razón.
Él seguirá siendo amable conmigo, yo continuaré mi trabajo en la biblioteca, con mis sándwiches en la plaza del teatro, mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continuarán siendo los mismos de aquí a diez, veinte o cincuenta años.
Sólo que comeré los sándwiches con sentimiento de culpa, porque estoy engordando; y ya no iré a bares, porque tengo un marido que me espera en casa para cuidar a los hijos.
A partir de ahí, todo se reduce a esperar a que los chicos crezcan y pensar todos los días en el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo. Un buen día, llego a la conclusión de que la vida es así, de que es inútil rebelarse, de que nada cambiará. Y me conformo.
Feliz dos años cariño.
Otra vez más, el campus de cada verano. La verdad es que empecé muy poco animada, más por instinto que por convicción. Recuerdo el primer día bastante bien. Sólo conocía a unos pocos y se me hace raro pensar como aquellos extraños de repente se han hecho amigos mios, y sobre todo pensar como sólo en un mes les he podido coger tanto cariño. Recuerdo el agobio de pensar que tenía 9 horas y media por delante de trabajo y pensar: dios mio, qué ganas de que llegue el último día. Pues bien, ya ha llegado. El viernes 28 de julio se terminó.
con las risas y los cotilleos con la Rocio,
con el cachondeo con el Jaume y el Jordi,
con la dulzura y las tonterias del Sergi,
con la simpatía de la Elena
y con mil cosas más del resto, pero la verdad es que en especial, con esas.
con las horas de baile;
con las horas de comer ,
Empezó a las 7 y terminamos a eso de las 3. Mientras cenábamos todos, riendonos y hablando, de repente, a las 12 en punto de la noche (ya 23 de julio) el chico de la música empieza a decir algo así como: Eva, Sara y todos tus amigos te desean un feliz cumpleaños. Yo me quedé petrificada, no me lo esperaba. Empezó a sonar la música del club súper 3 e Ivana y Sara vinieron a buscarme, a levantarme de la mesa. La emoción me embargó en aquel momento y no supe hacer otra cosa que sonreir y llorar. Vinieron mis padres, mi hermano, mis amigos, todos a felicitarme. Creo que ninguno de ellos sabe la ilusión que aquello me produjo.
Se me da mejor escribir que hablar, así que prefiero despedirme de esta manera. Hoy me voy, almenos como empleada, y la verdad es que me siento un poco triste. He estado aquí algo así como 7 meses y sólo deseaba deciros que, a pesar de los momentos duros, habeis sido mi compañía durante muchas horas y lo aprecio. Os habeis convertido en parte de mi vida, pronto de mi pasado, pero no del olvido, os lo aseguro. Sé que en un mes o menos os habreis olvidado de mi, y lo entiendo, pero quiero que sepais que yo no olvidaré estos meses que he pasado con vosotros. Me habeis enseñado muchas cosas, tanto profesionales como personales y os lo agradezco. A todas las personas, desde los cargos más altos hasta los más “bajos”: gracias. Gracias por las risas, por los enfados, y por haberme hecho sentir como una más.
En fin, no voy a poder despedirme de todos, ni tampoco quiero, odio las despedidas. Así que si no os importa leer este tocho, lo haré por “grupos”. A las mujeres de la limpieza, que majas ellas. Echaré de menos sus sonrisas y su simpatía, gracias por alegrarme cada mañana al entrar, no lo olvidaré. Las chicas del almacen, me ha encantado compartir momentos con vosotras, sois encantadoras y espero que sigais así. Echaré de menos los momentos que compartiamos fuera fumando y espero que no os olvideis del olor a vainilla! A los sastres, sois muy agradables. No os he conocido a fondo, pero sé que nunca me habeis cerrado la puerta cuando he necesitado ayuda, siempre os habeis interesado por mi y prometo que no os voy a olvidar. Espero que almenos vosotros os acordeis de aquella niña que a veces andaba por ahí. A Isabel y Pilar, un besazo para las dos, por haberme ayudado con todos los papeleos y por haberme hecho sentir que pertenecía a la empresa. A todos los de caballero, no he tenido la oportunidad de conoceros a todos pero tambien os guardo en un rincón. A los jefes, almenos los tres que conozco, gracias. Gracias por haberme dado la oportunidad de entrar a trabajar un 28 de noviembre, por haberme enseñado y sobre todo por haberme hecho dar cuenta de que no todos los jefes son unos impresentables. Os habeis portado muy bien conmigo y no lo olvidaré. Belen y Susana, agradezco vuestras sonrisas y el haber escuchado. Quim, Miguel y alguno más que quizá me olvide (perdón), muchas gracias por las risas, no las olvidaré. No perdais vuestra simpatía porque es lo mejor de vosotros.Y por último todas las de señora. No sé por donde empezar, Bea, Cristina, Miriam, Irene, Nieves, Manoli, Trini, Encarni, Ana y Laura: gracias por estos meses. Habeis sido muy buenas conmigo y sólo quiero que sepais que habeis dejado una gran huella en mi corazón. Os parecerá una tonteria todo esto, ni que me hubiera pasado aquí años, pero un defecto (o virtud) que tengo es que enseguida le cojo cariño a la gente, sobre todo a la que me trata bien. A Patricia: no me ha dado tiempo de conocerte, tú llegas y yo me voy. Así que te deseo toda la suerte y ya verás como en poco tiempo lo tendrás todo controlado. Nadie nace enseñado.
Sólo me quiero llevar lo mejor de todos vosotros, lo malo prefiero dejarlo atrás. Y lo mejor que me llevo son los recuerdos y unas buenas amigas.
Por último sólo quiero desearles suerte a las dos (almenos que yo sepa) que se van, porque empiezan una vida nueva y nunca es fácil. Os deseo muchisima suerte y espero que seais felices lejos de aquí.
Perdonad por todo mi rollo. Sólo os pido un favor, dejad esto lo suficiente como para que todos lo lean.
Muchos besos a todos, cuidaos. Nos vemos pronto."
Bueno, hoy ha sido mi último día y la verdad es que ha sido un poco durillo, más a nivel personal que profesional. Profesionalmente me he sentido muy bien, creo que ha sido el único día en el que realmente me he sentido libre.
Y sólo me queda Miriam, no sé como decirte lo mismo pero en otras palabras. Eres una chica super simpatica y lo he pasado muy bien contigo. Siempre me ha gustado hablar contigo y salir fuera a fumar y comentar las cosas. Siempre me has escuchado y lo echaré de menos... Sí, seguiremos en contacto, pero ya sabes... Estar en Cortefiel y reirnos de chorradas de clientas o comentar cosas absurdas que me pasaban con los jefes se echará de menos. No te agobies allí! Y ya sabes, para cualquier cosa ya sabes donde encontrarme.
